martes, 6 de julio de 2010

bodas de oro de papa y mama



BODAS DE ORO
LUIS HUMBERTO SIERRA Y ADELAYDA SIERRA

Que gran regalo de Dios nos permitió hace cinco décadas, cuando en las faldas del Ruiz dos retoños hijos de robles boyacenses unieran sus vidas y con ese amor puro y lozano, de entrega total, acrósticos y miradas disimuladas, hubiesen luchado para edificar en sus sueños una familia para la cual sólo han vivido. Un corte en la historia del Pindo y de la Sierra, unieron dos vidas y dos jóvenes corazones; dos numerosas familias en una sola “Los Sierra Mejía y los Sierra García”, un 14 de febrero de 1959.

Vamos recreando esta historia de amor mientras se respira el aire fresco que baja de la cordillera, que limpia los pulmones y los cachetes los vuelve más rosados; nos vamos alejando de la fantasía de los acrósticos, el bullicio de los hermanos y hermanas murmurando inquietos el romance, de canciones como momposina y senderito de amor, hurí, el aguacate y los cisnes, para sembrar la semilla del amor. Vieron nacer inicialmente a César Augusto, Martha Eugenia, luz Ángela y posteriormente a Luis Juvenal. Épocas de sustos Luchas, alegrías, soledad y frío, mucho frío que sólo se amortiguaba con el calor de la familia y con la esperanza de un tiempo mejor, que fue lo que paso a paso, les permitió salir adelante con esta formidable unión.

Adela como siempre le a dicho papá a mamá con esa espiritualidad creativa y simpática, con la disciplina de los ramales, dejó su hermosa juventud y mientras iba madurando nos fue educando y la verdad mejor que cualquier maestro, nunca nos faltó amor, y compañía, el rosario, el padrenuestro, el poema, el trabalenguas, las canciones, uno que otro chiste, los pandequesos calientes, la torta de choclo, nos enseñó a leer, a escribir, a declamar, y a reír un poco, así no hubiera motivo; luchadora única, criando gallinas y vendiendo huevos, sacando quesos, marcando pañuelos, fue juntando pesitos que posteriormente sirvieron para amoblar en parte, la casa.

Como no recordarla escuchando “Así resolvemos su caso o los chistes de “Ever Castro el Coloso del humorismo” o “Corin Tellado” con sus novelas amorosas, mientras aplanchaba un cerrao de ropa con plancha de carbón”.

Don Humber como le dice mamá a papá es el hombre ejemplar, recto, de pocas palabras y preciso en sus ideas, con el alma hecha una pagina de sentimientos, duro por fuera pero con un gran corazón, con la inquietud de un joven y la fortaleza de un toro, desde muy temprano cargó con la responsabilidad de trabajo en la fría Sierra paramuna, donde solo se escucha el silbar de las aves, las quebradas cristalinas, el viento, el palpitar del corazón, y ese silencio profundo que solo conocen quienes han vivido allí y que se vuelve motivo de desesperanzas, fantasías y temores. Así a sido papá ser hecho para trabajar, incansable, impaciente, obstinado, luchador, esperando inquieto la oscuridad de la noche para entregarse al descanso con su rítmico y suave roncar.

Será que aun queda hombres así, sin pereza para madrugar o montar a caballo, ordeñar unas vacas o seguirles las huellas a unos cuatreros, o a algún león dañino, para cortar leña pal fogón o para arreglar un camino, o una cerca, para herrar una mula o prepararse su propio almuerzo. Y todavía le queda tiempo para acicalarse con su mejor pinta y mucho mejor que cualquier citadino, porque que cosa impresionante la de su buen gusto para vestir.

Hechos el uno para el otro: paciencia e impaciencia, expresividad y pocas palabras, espiritualidad y sentido práctico, ahorrativo y gastadora, y ante todo buen ejemplo y vida sana, legado de abuelos como Uldarico y Argemiro que solo supieron demostrar amor por el trabajo y temor a Dios, conservadores en sus ideas y tradiciones como buenos boyacenses. Y cómo olvidar a las abuelas Carlota y Rosamaría, que como buenas matronas se ubicaron en su puesto de madres respetadas, queridas y añoradas; triste recordarlas cuando ya no están, pues solo brindaban lo que una madre abuela sabe dar: -“calor de madre con un poquito mas de tolerancia” - Como las extrañamos!!!!.

Continuando con el transcurrir de la vida de nuestros festejados: de la Sierra pasamos a Santa Rosa a la “casa amarilla” por cierto un poco miedosa y húmeda, también vivimos en el Pindo, finca de los abuelos maternos. Volvimos a Santa Rosa a la que es hoy la casa de la familia, época en la que entramos en contacto con la gente del pueblo, pues era evidente nuestra condición de montañeros tímidos y retraídos. Acá se le dio el sello prolífico a la descendencia: para esta época nacieron: Humberto Javier, Clara Inés; Claudia María, y como ñapa José Agustín 17 años después del primer hijo, como para resaltar el vigor prolífico de nuestros padres.

Mamá Adela se entregó por completo a la familia, toda una madre con su camada, tarea nada fácil con ocho hijos para alimentar, darnos estudio, organizarnos y orientarnos; pero ella se propuso como fin único el que mínimamente todos alcanzáramos el bachillerato. Objetivo bien mas que logrado.

Recuerdos invaden el corazón y mil imágenes pasan veloces y sólo quedan instantes para luego desaparecer. Son tantos años de interminables silencios y de amistad. Recordamos amigos de papá como don Alonso Morales, Carlos Chica, y amigas de mamá como doña Virginia con sus hijos y doña Marina, que hacen inevitable unir las historias de las familias, inconfundibles referentes de la amistad que nos rodeó y que nos vio crecer.

Padres, mil gracias por los esfuerzos, la vida cobra caro los excesos, ya vemos como los años lastiman el cuerpo pero no el alma y si no preguntémosle a mamá que a pesar de las dificultades con su salud sigue irradiando su jovialidad y su sonrisa, tendiendo una mano amiga al necesitado. O si no miremos a papá, ya las coyunturas y la espalda no responden lo mismo y se advierte como se hace ya de difícil subir al páramo.

La vida sigue y a veces es cruel, ya les toca a ustedes, afrontar las pérdidas y se hace inevitable presenciar como se van alejando los hijos, cada uno a labrar su propio destino, igual que ustedes nos enseñaron, a eso aprendimos, a luchar y ser independientes, superando nuestros propios obstáculos y sobrepasando nuestros propios miedos, enfrentando nuestra propia historia, que así como la de ustedes, nunca será estática.

Vienen luego los nietos que alimentan de esperanzas la vida y alientan a continuar con el esfuerzo de un comportamiento ejemplar, pues aún después de cincuenta años de unión, este matrimonio continúa siendo eje determinante de la conciencia y la tradición que se genera en cada uno de ellos. Si no pregúntele a Cesar Andrés que se siente ir a cazar con el abuelo entre el monte paramuno un león dañino que se come el ganado. La época cambia pero la esencia no. Ahí siguen de cerca Santiago, Julio Esteban, Camilo, Sofía y la familia continúa creciendo.

Ahora, sólo quedan los recuerdos de momentos vividos y grabados en el corazón como la ramada del Pindo, las flores de cartucho y de agapanto, las mifloras y los anturios, las matas de tomate de árbol, la tienda y el abrevadero, el mostrador y el teléfono de pared, el abuelo Uldarico rezando, la abuelita Rosita montando a caballo con el perro, los arrieros tomando cerveza, de esos grandes cuartos solitarios, de los trebejos, la escuela de doña Irene, los eucaliptos y los durumocos, de las habas, las cidras, los bollos de maíz y las tortas de choclo, de Villamaría y Manizales. …

Y en la Sierra con sus hermosos amaneceres, las escarchadas, el viento huracanado en verano, de las margaritas, los pensamientos y las rosas blancas, del techo de paja de la cocina, “De mi burrito sabanero en navidad”, de la niebla húmeda y de la dificultad para respirar, del calor ardiente del fogón de leña, de los aperos y las águilas, de los conejos y los tigrillos, de la carne ahumada, de la castrada de los terneros, del caballo melao o del califa, del duro trabajo, del frío y del silencio, del grito que hace eco en todo el páramo anunciando la llegada de papá, de esa canción que retumba y que ya no suena “Las acacias” cuando dice “ya no queda nadie en ella, a la orilla del camino silenciosa esta la casa, se diría que sus puertas se han cerrado para siempre”…

Igual podemos decir de la casa que con tanto esfuerzo ustedes se han dedicado a embellecer, de los primeros arreglos, del patio de tierra, de la cerca de guadua en el solar, de las agua de panela con limón, de la ampliación de la casa, y “las mujeres pa rriba y los hombres palos bajos”, de las fuetearas de mamá cuándo nos manejábamos mal, del primer televisor, del cabello largo de mamá, del carriel de papá, cuantos recuerdos hermosos...

El progreso acaba con todo y las necesidades del mundo hacen ajeno lo que antes fue propio, al faltar los abuelos, el Pindo se vendió, y la Sierra poco a poco se va convirtiendo en un bien vital de la comunidad risaraldense.

Papá y mamá, hoy ustedes son ya parte de nuestra historia, pesan los cabellos plateados, las arrugas, los consejos, y la satisfacción del deber cumplido; Hoy solo les podemos ofrecer saludos cariñosos, y el agradecimiento oportuno ante el esfuerzo de toda una vida, por haber sabido manejar así el hogar.

Dios los bendiga, los acompañe, y los proteja siempre. Mil y mil y mil gracias por dejarnos disfrutar de su sagrada unión.

FELICITACIONES EN SUS BODAS DE ORO

De todos sus hijos con amor


ACRÓSTICO DE PAPA PA MAMA:


A mor por ti es lo que yo siento
D esde Hace mucho tiempo mi dulce adorada
E ntonces comprenderás de mi el tormento
L ejos de aquel vajil que yo anhelaba
A cuerdate que tu estabas muy niña
I gnorabas que yo te idolatraba
D ichoso yo si allá en la Sierra
A iroso a mi lado yo te viera